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Conato de Asir, instalación del encorvamiento en Curare Alterno

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Juan Chica // Conato de Asir // Instalación

 

Por fuera de toda consideración frente al arte de hoy conectado con situaciones de afectación provenientes de lo que rodea la incubadora de la cultura, surge con una agresiva asepsia las alegorías que tocan los significados de naturaleza.

 

Preguntarse por el significado de la naturaleza de antes y la actual parecería una tarea compleja por la cantidad de incertidumbres y elementos de reflexión que difícilmente pueden concretarse en conceptos y teorías. No por la complejidad en su tratamiento conceptual y por ende artístico, los artistas no han dejado de rodearla con ánimo de búsqueda por lo inmanente, por lo total, por lo sacramental o por lo religante.

 

En dicha búsqueda de la naturaleza en abstracto a través del arte, el uso de las imágenes y referencias nada tienen que ver con los intentos de explicarla pues de inmediato caemos en cuenta que la naturaleza corresponde a un algo que vive dentro de cada uno de nosotros, por lo tanto ella es un algo conocido que se resiste a salir.

 

Así las cosas, con relación a la naturaleza no nos queda otra opción inteligente que la empleada por san Agustín cuando lo indagaban con perversidad sobre el significado de la naturaleza: el santo sabía qué era justo antes de que se lo preguntaran.

 

El encorvamiento en nuestra propia autoreferencia da cuenta de la existencia de nociones profundas y trascendentales de naturaleza que no emergen, al menos explícitamente en las obras que realizamos a riesgo de perder en ella lo que debe preservarse con cuidado, el misterio.

 

La obra de Juan Chica en Curare Alterno la podemos considerar un trabajo de enfrentamiento barroco a partir de un bodegón. Se trata de un árbol seco aprisionado por un bloque de concreto en su tallo dentro de la bodega misma del espacio expositivo.

 

El trabajo habla de la tensionante relación entre muerte y mineral cultural, donde el hombre interviene en la formulación de otras nuevas naturalezas de contraste. Entre las oportunidades de naturaleza creada, vemos en la obra que Chica sintetiza con el bloque de concreto el candado cultural que nos posiciona en una situación de poder devastador frente al espacio circundado de lo natural.

 

Lo natural lo expone, no lo impone como resultado de la intermediación divina que la promesa convirtió en recurso para la civilización. Sin embargo ese “dejar” lo natural ya extinto, muerto consumido por el esqueleto de la ciudad, no deja de producir angustia existencial, ya que plantea que la única posibilidad de vida con sentido en el mundo contemporáneo es el emplazamiento.

 

El emplazamiento habla de ser concebidos por fuera y regresar, es decir, vivir en un mundo representado donde nosotros como animales nativos que habitamos los lugares, seamos concebidos desde afuera.

El mundo que nos presenta Chica no es otro que mapa que ha devorado la tierra al cual volvemos después de recorrerlo, después de haber sido concebidos por fuera de él.

Ese mundo del extrañamiento lo conforma la mineralización del exoesqueleto humano anatómico en la figura alegórica de un bloque de concreto el cual domina la extinta naturaleza natural creada, esta vez , quizá por un dios extraterrestre el cual ya no habla a los hombres, que no vive en la tierra estrella de aprisionamiento humano.

 

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