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GLADIS MENDEZ

Conozca la fuerza poético-política de la cerámica de Gladys Méndez en Curare Alterno

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Sin huella. Instalación cerámica, 200 cm x 200 cm . Obra de suelo. 2016

Sobre la cerámica artística ha caído la misma maldición que ha sido arrojada al grabado como impresión seriada en el arte. Los lenguajes del barro cocido y los procesos de repetición gráfica fueron injustamente desplazados por medios cuyo fenómeno de alteridad artesanal logran desubicar a los más despistados y eclécticos.

 

La maldición es simple. Consiste en categorías y alcances. Una pieza cerámica no sólo debe luchar para desprenderse de su origen utilitario, sino además, intentar combustionar el pensamiento con el propósito de instaurar ideas dentro de las razones mismas del arte, aunque quizá esas razones no sean otras diferentes a que el arte no sirve para nada.

 

En el grabado la maldición tuvo que ver con la cercanía de la reproducción en masa, anatema muy recurrente para su práctica cuando, otras razones para el arte, en ese caso políticas y de masificación, forzaron temáticas, dramas, consciencias y diferentes herencias desafortunadas de activismo.

 

La tensión por la separación de una cosa y otra hizo que se radicalizara el discurso del arte en términos muy modernos como si se tratara de causas extremas. En la contemporaneidad donde todos hemos sido invitados a ser postmodernos, la situación limítrofe de lo panfletario y el arte no panfletario se ha ido aflojando hasta lograr una situación media, en todo caso no definitiva.

 

La cerámica y el grabado entonces tan estigmatizados, ahora se presentan con una inusitada claridad, al menos en términos de espacio creativo, ya que se ha dejado a un lado hablar de medios concretos para centrarse en la idea, de tal manera que lo que interesa hoy es la experiencia de creación más no su resultado aparente.

 

En dicha perspectiva surge la obra de Gladys Méndez, ceramista formada en Bucaramanga y Barcelona quien expone en Curare Alterno su instalación “Sin huella”. La obra se compone de un conjunto de cerámicas en forma de botas de guerrillero campesino, violentadas con formas agresivas que expanden fuertes connotaciones sobre la guerra, sin caer en situaciones lastimeras ni reinvenciones prefiguradas sobre la víctima.

 

La cerámica de Méndez recicla el panfleto, lo reactualiza, por eso su instalación lejos de querer insertarse en una tradición de un determinado “arte político”, nos hace comprender que el arte es una herramienta política-poética de discernimiento.

 

O.S

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