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Los pobres efectos de un arte que no pudo ser miserable, el ensamblaje de Carlos Rojas en Curare Alterno.

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Aunque las piezas con alguna intención estética y artística realizadas con basura y otros objetos de reciclaje no logran traspasar su propia anatomía decaída y empobrecida sin inscribirse en arte miserable con intención.

 

A mi modo de ver existen dos caminos cuando se decide trabajar con basura como material proto-artístico: la vía del objeto encontrado directo, susceptible de cambios de contexto pero no más y los ensamblajes con cierto pensamiento collage.

En el primero, se ha convertido en prácticamente una religión recorrer la ciudad como si se trata de un museo con miles de piezas cargadas en espera de un ojo experto (el nuestro) que logre otorgarles un sentido. Entonces se produce el fenómeno de cambio de contexto y lo que otrora era un objeto olvidado, rechazado por el apetito de belleza compulsiva utilitaria, pasa ahora a otro tipo de belleza, igualmente utilitaria pero con un fin artístico, se trata de una obra de arte perfecta en medio de toda su corroída imperfección.

 

Como una anécdota, en parte de mi trabajo artístico con objetos encontrados, tuve la mala fortuna de enganchar una lata súper aboyada que tenía un chorreado de pintura en un cuadro al óleo de ya no sé que cosa. Digo la mala fortuna, porque aquella lata medio oxidada y su dibujo, superaba con creces mi pintura. No solo yo percibí la gran calidad de la lata y su huésped, sino también otro conocedor que no dudó en arrancar la lata del marco de la pintura para de algún modo volverla a rescatar.

 

El segundo camino posible cuando se decide por el trabajo con objetos reciclables viene de la mano del ensamblaje. Aquí de inmediato asalta a la mente aquella cosa mal conocida como collage, un ejercicio de recorte y nuevas asociaciones de imagen.

 

En la obra de Carlos Verona para Curare Alterno el artista elabora ensamblajes y collages, pero no solo considerado un ejercitarse del recorte, sino que nos coloca en el problema del collage ensamblaje como un efecto derivado de un particular reto del pensamiento.

 

Carlos Rojas juega a reconstruir mundos particulares dispuestos como implosiones que se remiten al fracaso, una vida de miseria añorada , pero al mismo tiempo remite al divertimento en el sexo prolijo. Dos situaciones, la del sexo semejante y el desdén, que representan dentro de su ente paralelismos acondicionados en respuesta inmediata a su idea del ser.

 

De lo anterior uno puede concluir que la nueva religión del uso de la mierda y la basura no sea otra que la religión de lo miserable no en conquista del gusto, casi pornográfico, de la belleza más elemental e instrumental, sino del éxtasis de encontrar un medio para transmitir efectos, que a la final completarán ese juego de ir encajando las piezas, sin otro motivo que reírnos de lo formal, serio y ecléctico del arte, aún el mas llamado a la revolución.

 

O.S

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