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ENCUENTRO LUIS VIDALES

Museo Tecmit, efecto de lo poético en un arte contextual

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En la tierra de los niños cíclopes se gesta una terrible y telúrica conmoción capaz de azuzar hálitos pobres y vestustas programaciones. El increíble Museo Tecmit  presenta solo por un momento y seducción el oro desvencijado de las alhajas pre-chibchas y pos-quimbayas cuidadosamente resguardadas en las bovedas que conducen al jardín de artista. Nadie, ni por un momento, podrá poner en duda que la distancia original por el encuentro subyacente y distrofivico rodeará de alientos salvíficos todo el odio y pretensión meta-artística sublimada en tan sólo un papel o un desecho.  En Calarcá confluirán también otras maravillas aun en vías de ser reveladas, cuando las naturalezas, en sus caprichosos encuentros terminen por desbastar, una vez más, la mediocridad de las licenciaturas en artes. De repente la Maestría, sí, esa maestría añorada, unívoca e intransigente, devendrá en programa generacional por donde las miserias de cada artista se conviertan en tesoros míticos y sustancias tecnológicas.

Ayer, amigos, tuve la oportunidad de sumergirme en las aguas del río Otún. Hacía calor, de hecho, el sol quemó con tenacidad mis espaldas expuestas a los dibujos y petroglifos en piel seducida. El Museo Tecmit ha aparecido con destellos también lumínicos, menos recalcitrantes. Su apuesta es el olvido, pasar, quizá, por debajo de lo cotidiano o popular. Recuerdo con intensidad cuando en el corregimiento de la Florida vi los cuencos, artistas protagónicos y agónicos al mismo tiempo. Ellos colocan su esfuerzo en descubrir lo que aquí ocurre de manera natural. Jamás entenderán la lógica que alimenta el arte y sus juegos de ensoñación. No los salvará la gráfica, no los salvará la pintura; al contrario, sufrirán sus hedores justicieros bajo nuestra indiferencia.

El Museo Tecmit se ha superpuesto a la traición que acompaña el ser colombiano y risaraldense. El Museo Tecmit esgrime con acontecimientos culturales cada encuentro y conversación donde los insectos pretendan acallar nuestras voces y las almas viles de profesores nauseabundos de arte contaminen con riegos salivales lo que resta de espacio digno y sapienza.

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