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UBI MORS IBI SPES, instalación de Luís Javier Barbosa Vera en Curare Alterno

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Sobre la responsabilidad del artista han recaído diferentes teorías y cuestionamientos. Entre ellos tenemos la de producir obras que traduzcan de alguna manera lo que acontece en la cotidianidad con sus niveles de afectación social, económico y cultural, entre otras.

Desde dicha perspectiva, la obra de arte funciona en el imaginario como una entidad que “diga algo” o mejor “que haga algo”. La obras de arte en su esencia no sirven para nada en el sentido escueto de la producción técnica no sensible.

Sin olvidar que la obra de arte es una cosa más del conjunto de cosas del mundo, se aspira que ella transmita una serie de significados donde la sociedad se reconozca y en el mencionado proceso de reconocimiento, la misma obra excedida en su virtualidad desborde sus propios límites hacia lo inconmensurable.

La obra de arte considerada algo excedido sirve para algo, si entendemos por ese algo un proceso donde media la subjetividad, la auto transmisión y sucesivas negociaciones de sentido en contextos diversos.

A mi modo de ver no podemos achacarle a la obra de arte más cargas de las propias relativas a su propia naturaleza y sentido. Es decir, a veces por exigir más significatividad a la obra de arte terminamos por anularla en su esencia performativa.

Se ha reclamado la responsabilidad del artista desde el compromiso con realizar denuncias acerca de la gravedad de la realidad. Pero entonces ¿ se hace una obra de arte para hacer visible los problemas inmediatos a la espera que los públicos reaccionen o se hace la obra de arte para después del acontecimiento, como un aporte a la civilización?

La crítica asalta en el sentido de prefigurar la voz del artista como la de alguien capa de transformar con su trabajo la realidad. Entonces devienen discursos que señalan el adormilamiento, la desidia e incluso el autismo, si la obra de arte no se vincula desde la representación con el acontecer diario, máxime si ese acontecer se encuentra demarcado por la tragedia o afectaciones tristes.

La responsabilidad del artista ni siquiera es con la humanidad puesto que la humanidad hoy en día no es más que “estado de seguridad”. La responsabilidad del artista va más allá, va hacia la civilización como un abstracto, un ideal, donde la humanidad terminará por hacer parte o no.

La obra de Luís Javier Barbosa Vera en Curare Alterno aborda como temática un acontecimiento desgraciado de violencia en Colombia. Desde allí, el artista recogió narratividades para formular en clave de recuento los vestigios que debieran manifestar lirismos o tensiones reveladoras.

El autor encapsula un machete en una resina plástica, la cual se ensambla en un viejo tronco de mango usado para el trabajo del matarife llanero. Ambos elementos, tronco y machete crean un icono central rodeado de pepas de mango que refuerzan, no sólo la instalación de un concepto (masacre, impunidad) , sino el hecho estético.

La instalación plantea juegos de contraste entre asepsia y diferentes texturas organicistas, con el objeto de enfatizar la preeminencia de un “gusto estético” frente a la descripción alegórica del contenido.

La obra con un título en latín UBI MORS IBI SPES muy sugestivo traducido al castellano como “Donde está la muerte está la esperanza” logra aludir, no tanto a la fuerza simbólica de los elementos empleados ( los cuales de por sí representan belleza trágica), sino a una profunda contradicción que vive en el para qué y el por qué de la obra de arte hoy en día, tan sobrecargada de responsabilidades y excesos de contenidos, mezclados con esperanzas reivindicativas literarias obsesivas, como si el arte lograra separarse de su escafandra de inmersión.

 

O.S

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